octubre 4, 2026

Hebreos 4.1-13 Commentary

Vivo, en efecto, es el Verbo de Dios, y enérgico / y más cortante que toda espada de doble filo / y
penetrante hasta dividir alma y espíritu, junturas y médulas / y capaz de juzgar disposiciones y
pensamientos del corazón y no hay creatura que escape a su vista / sino que todas están desnudas y
vulnerables a sus ojos, / hacia quien a nosotros [es] el Verbo (= a quien debemos rendir cuenta).
-HEBREOS 4.12-13, versión de Albert Vanhoye, trad. de Amelia Hernández M.

Dios habla en serio. Lo que dice se cumple. Su palabra poderosa es cortante como el bisturí de un
cirujano, atraviesa todo, ya sea duda o defensa, exponiéndonos para escuchar con atención y
responder con obediencia. Nada ni nadie puede resistirse a la palabra de Dios. No podemos escapar
de ella, pase lo que pase.
-HEBREOS 4.12-13, El Mensaje. La Biblia en lenguaje contemporáneo, trad. de Samuel Pagán

 

Trasfondo bíblico-teológico

Es muy común celebrar el Mes de las Reformas Protestantes haciendo alusión a sus grandes principios, los cuales son vistos como la concentración o el resumen de lo que esos movimientos representaron en su momento pero que, para las nuevas generaciones, al parecer ha perdido interés e influencia directa. La repetición un tanto superficial de esos principios no necesariamente ha abonado para que las iglesias protestantes de hoy retomen su legado/herencia y lo relancen para responder a las exigencias del tiempo presente. Por ejemplo, el nombramiento la Revda. Sarah Mullally como Arzobispa de Canterbury (C.J. Orgaz) es un gran acontecimiento que debe ser colocado como la acción vanguardista y arriesgada de una confesión protestante antigua que, fiel a sus principios básicos, en ese caso el sacerdocio universal de todos/as los creyentes, lo ha aplicado de una manera radical, protestataria y sumamente evangélica y liberadora al afrontar los riesgos que implica esa audaz elección.

En 2025 se cumplieron 500 años de la explosión de los movimientos anabautistas, los grupos de cristianos radicales que se negaron a bautizar menores y se bautizaban entre sí sin someterse a los dictados de las autoridades eclesiásticas de la época (Rodrigo Pedroza). En Zúrich, Suiza, dio inicio esa rebelión que le estalló en las manos al tercer reformador más conocido, Ulrich Zwinglio, quien aceptó someterse en parte a los dictados del gobierno civil de la ciudad. También en 1525 sucedió la Guerra de los Campesinos alemanes en contra de los señores feudales y príncipes terratenientes en nombre de las ideas de Lutero, quien no los apoyó y se puso del lado de las clases nobles (G.H. Williams).

Uno de los motores principales y que debe colocarse siempre al frente de cualquier acercamiento a la Reforma es el primer principio: Sola Scriptura, “Sólo la Escritura”, solamente la Palabra divina como absoluto de la revelación divina por encima de todo lo que intente sustituirla: la experiencia religiosa personal o colectiva, la autoridad de una comunidad o un sistema de doctrinas establecido, pero en realidad la gran contraparte de la Sagrada Escritura es la “tradición”, entendida como el “depósito de la fe” o como el conjunto de creencias que se ha recibido con autoridad eclesiástica indiscutible.

El riesgo de no entrar en el descanso divino después de haber oído la buena nueva (vv. 1-11)

La primera parte del pasaje es una firme exhortación a no cometer el error del judaísmo de no tomar en serio y dejar de obedecer el mensaje divino lo que ocasionó que no entrasen en su reposo (v. 6), es decir, en su espacio de salvación. Hay que evitar a toda costa que los cristianos incurran en ello: “Apresurémonos pues a entrar en aquel descanso, / a fin de que ninguno caiga en el mismo ejemplo de indocilidad” (v. 11, A. Vanhoye).

La palabra divina todo lo penetra y enjuicia (vv. 12-13)

Los reformadores/as del siglo XVI promovieron este principio escritural al cual se asocia también el libre examen del contenido de las Escrituras, pues las personas del control institucional y sometidos únicamente a la acción del Espíritu Santo. Otro principio derivado es todo un método de interpretación bíblica: “la Biblia es su propio intérprete”, que depende completamente de la intertextualidad (conexiones directas o indirectas entre los diferentes libros y secciones) presente en toda ella. Esto significa que deben encontrarse elementos comunes (o citas) que apoyen las diversas afirmaciones de los fragmentos, pasajes o libros completos.

La evidencia de la propia Escritura traducida a los diferentes idiomas (otro de los grandes logros de las reformas de ese siglo) debe desplegarse claramente para que los creyentes-lectores encuentren, dentro de lo posible, la plena revelación de la voluntad de Dios en los diferentes aspectos que el libro sagrado plantea. El surgimiento de comunidades de lectores desde el mismo Nuevo Testamento, tal como lo muestran sus diferentes partes, demuestra que progresivamente se fue construyendo un cuerpo de textos que alcanzó su clímax al final del siglo I de nuestra era.

El autor de la carta a los Hebreos, partiendo desde el pensamiento judío alegórico de su época, introdujo una concepción metafórica de la palabra divina a fin de presentar un mensaje que fuera más allá de los postulados antiguos de la Ley y de los aspectos rituales de la religión hebrea. Cuando se refiere a la Escritura como una espada de dos filos apunta hacia una aplicación total de sus bondades en un amplio sentido como salvación y juicio, a veces al mismo tiempo: 

Ve en ella el poder divino que da vida y penetra el universo entero y todo el ser humano en particular hasta llegar a lo más recóndito con una mirada escrutadora y enjuiciadora, más penetrante que una espada de doble filo. No se juega con la Palabra de Dios. A ella hay que rendir cuenta. La palabra de Dios salva a quien la recibe, pero condena a quien la rechaza. […] A la palabra (logos) de Dios debemos rendir cuenta (logos) […] Más adelante, en 12.25-29, se referirá a la palabra que destruirá el universo y salvará a los fieles (E. Nardoni).

En otras palabras, la Escritura nos lee en profundidad, hace una honda radiografía de nuestro ser y pensar. Hans-Ruedi Weber lo describió ampliamente en su tarea de promoción bíblica y misionera: “Nuestro objeto de estudio se convierte en el sujeto que se dirige a nosotros y nos comprende mejor que nosotros mismos. Nos vemos confrontados con el Dios vivo que actúa en la creación y en la historia, en nuestra vida personal y en el mundo de las naciones [I Cor 13.12]”. “Nada más fuerte que la palabra de Dios cuando uno la deja actuar. ¡Y nada más renovador que un encuentro real con el Dios vivo! ¡Ven! ¡Sígueme! Esta palabra que invita, desinstala, destierra, cambia proyectos, trastorna la vida, lanza en aventuras que uno nunca hubiera imaginado” (A. Morin).

Conclusión

Ecos de estos énfasis tan marcados y ubicados en el esquema teológico de la carta aparecieron en la enseñanza y predicación de los reformadores quienes elaboraron textos y documentos relacionados directamente con la concepción tan elevada que tuvieron de la Biblia y que se instaló permanentemente en la conciencia de las comunidades de fe que fueron resultado de los diferentes movimientos. Tanto en las reformas magisteriales como en las radicales la Biblia sustituyó a las imposiciones doctrinales de la institución vertical, aun cuando los nuevos documentos (credos, confesiones y catecismos) protestantes fueron desarrollando toda una doctrina sólida de la palabra divina, muy necesaria para consolidar la base escritural de todo el edificio teológico de las reformas.

Así lo expresa la teóloga metodista cubana Loida Sardiñas Iglesias: “El ‘sólo por medio de la Escritura’ indica la centralidad de la Palabra revelada, como única norma de fe, como una especie de ‘magisterio invisible’ en el protestantismo. Se trata básicamente de identificar aquellos fundamentos bíblicos y teológicos que se desprenden de las Escrituras y que nos permiten dar razones de la esperanza subyacente a la fe cristiana (cf. 1 Pedro 3.15)”.

 

Sugerencias de lectura

  • Alfredo Morin, “‘El único libro que me lee a mí’. Modestas reflexiones al caer la tarde”, en Medellín, núm. 56, 1988, pp. 467-468.
  • Enrique Nardoni, “La carta a los Hebreos”, en A. Levoratti et al., dirs., Comentario bíblico latinoamericano. Nuevo Testamento. Estella, Verbo Divino, 2005.
  • Cristina J. Orgaz, “Quién es Sarah Mullally, la primera mujer que liderará la Iglesia anglicana en los casi 500 años de historia de la institución”, en BBC News Mundo, 3 de octubre de 2025, www.bbc.com/mundo/articles/cnvr9e05lp1o.amp.
  • Loida Sardiñas Iglesias, “El culto cristiano: una mirada desde el protestantismo latinoamericano”, en Justo L. González y Harold Segura, eds., La Reforma en América Latina. Pasado, presente y futuro. Orlando, Asociación para la Educación Teológica Hispana-World Vision, 2017.
  • Albert Vanhoye, Un sacerdote diferente. La epístola a los Hebreos. Miami, Convivium Press, 2011.
  • Hans-Ruedi Weber, El libro que me lee. Manual para formadores en el estudio de la Biblia. Santander, Sal Terrae, 1996.

 

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