octubre 25, 2026

Hebreos 7.11-21 Commentary

Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que también haya cambio de ley.
Hebreos 7.12, Reina-Valera 1960

 

Trasfondo bíblico-teológico

En 2025 se conmemoraron los 500 años de la formalización de las llamadas “reformas radicales”, esto es, la tercera gran ala de las reformas religiosas que surgieron y comenzaron a consolidarse en ese mismo siglo. Surgidas en varios lugares del centro de Europa, alcanzaron una forma más visible cuando algunos seguidores de Ulrich Zwinglio, el dirigente de la reforma suiza en Zúrich, se inconformaron con los acuerdos que llevó a cabo con las autoridades de la ciudad. Esas negociaciones, en opinión de los primeros anabautistas como Conrad Grebel y Felix Manz, contravenían el espíritu del cambio que entendían como un mandato divino, más allá de las decisiones de los poderes temporales.

Como demostró el gran historiador George H. Williams (1914-2000), el carácter plural y diverso de estos movimientos permitió la participación de grupos sociales no ligados a las altas esferas y transformó rápidamente el rostro religioso de toda Europa dada su capacidad para movilizar sectores subalternos como ocurrió en la Guerra de los Campesinos también acontecida en 1525 y que mostró la forma en que los anabautismos (especialmente el dirigido por Thomas Müntzer) tomaron en serio las implicaciones políticas de las ideas de Lutero.

La radicalidad necesaria en las transformaciones sociales y eclesiales (vv. 11-16)

La sólida acusación de constantinismo que los grupos anabautistas hicieron a las reformas magisteriales se fundamentó en la manera en que entendieron las enseñanzas del Sermón del Monte, las consecuencias radicales del sacerdocio universal de los creyentes, así como su negativa a permitir que los poderes de la época tuvieran injerencia en la vida interna de las comunidades de fe. Esos tres elementos, aunados a una experiencia comunitaria peculiar y a su disposición al martirio de que fueron objeto miles de ellos, junto con su defensa irrestricta del bautismo de “creyentes” los colocó en posiciones teológicas, eclesiales y políticas muy difíciles de aceptar por parte de los gobernantes y las iglesias establecidas (católica, luterana, reformada, anglicana). Fueron, en otras palabras, el ala más revolucionaria de las transformaciones religiosas de ese siglo tan convulso. Su impacto se dejó ver en todo el espectro, con todo y las diversas expresiones que los caracterizaron y que en buena medida siguen presentes hasta la actualidad.

Como se acaba de decir, mucho de su impulso transformador que los acercó a formas claras de anarquismo religioso y político se debió a la peculiar interpretación de la doctrina del sacerdocio universal de los creyentes (enseñada en I Pedro 2 y en otros lugares como Apocalipsis) y a, como se verá ahora, el desarrollo de formas asociativas derivadas de la afirmación del sacerdocio superior de Jesucristo en la iglesia. La cita en cuestión plantea (Heb 7.12, particularmente), dicho en un lenguaje religioso y litúrgico, la superación de las formas sacerdotales ligadas al catolicismo y que se asocian a la crítica cristiana de la ritualidad levítica. Montada sobre esa crítica, los anabautistas fueron capaces de discernir los alcances de su resistencia comunitaria a las imposiciones de los poderes de su época.

El cambio de ley al que alude Heb 7.12 fue leído e interpretado en una clave definitivamente revolucionaria que les sirvió para experimentar una libertad individual y colectiva inédita hasta ese momento (J.-M. Carrière). A la crítica luterana y reformada de los papas y obispos que fue la chispa del cambio religioso sumaron la posibilidad de un “sacerdocio distinto” (7.15) que ejercerían de una manera participativa y sumamente desconcertante para sus contemporáneos. Por eso no es nada gratuita la caracterización de “teólogo de la revolución” que hizo Ernst Bloch de Müntzer en su libro clásico de 1964.

Abrogar mandamientos y tener una mejor esperanza (vv. 17-21)

Las palabras de Hebreos 7.18-19, desarrolladas en un contexto de transformación socio-religiosa, tal como ocurrió en el siglo XVI y en otros momentos de la historia del protestantismo, muestran el grado de cambio que, cuando se acepta como designio divino debe realizarse a costa de lo que sea, incluso si la oposición lleva hasta el martirio como le ocurrió en innumerables momentos a los grupos anabautistas. Thomas Kaufmann y, más recientemente, José Luis Villacañas han demostrado cómo la percepción teológica anabautista pudo poner en movimiento los resultados teológicos de la justificación por la fe mediante un audaz salto doctrinal que permitió pasar desde ella, como realidad eminentemente espiritual, a la santificación, de manera simultánea. Este acto simbólico y religioso de “quemar etapas” les permitió avanzar en muy poco tiempo hacia formas de resistencia espiritual impensables hasta ese momento, además de que contribuyeron con sus acciones de cambio para que las sociedades de su tiempo conocieran nuevas maneras de apropiarse de la fe y de vivir en una nueva realidad (T. Kaufmann).

Todas las iglesias protestantes o evangélicas pueden aprender mucho de la capacidad de obediencia y disposición firme que mostraron los anabautistas para hacer presentes los designios divinos en medio de las componendas políticas muchas veces inconfesables e inaceptables que debieron aceptar las reformas magisteriales, como lo fueron los caprichos para la sucesión real en Inglaterra y la tolerancia hacia la bigamia de Felipe de Hesse en Alemania por parte de Lutero y Melanchthon, por sólo citar dos casos. La radicalidad debe formar parte de la conciencia de las iglesias en todos sus niveles a fin de valorar periódicamente su viabilidad para poder superar las inercias que se acumulan.

Conclusión

Todas las iglesias necesitan, en momentos y tiempos adecuados, buenas dosis de radicalidad para avanzar en el sentido de las reformas continuas requeridas por Dios para estar acordes al proyecto de su Reino. Los hermosos lemas que tanto se repiten en estas fechas se quedan muchas veces en eso, pues tal como lo recuerda el pastor bautista cubano Francisco Rodés, el protestantismo se volvió a clericalizar y dejó casi en el olvido la doctrina del sacerdocio universal de las y los creyentes. La radicalidad de las reformas puede y debe formar parte de proyectos concretos de renovación de la iglesia y de la vida de fe de individuos y comunidades a fin de ser consecuentes con los principios tan reiterados de las reformas protestantes (A. Ropero).

 

Sugerencias de lectura

    • Jean-Marie Carrière, ¡Resistid! Relectura de la carta a los Hebreos. Estella, Verbo Divino, 2011 (Cuadernos bíblicos, 151).
    • Thomas Kaufmann, Gli anabattisti. Dalla Riforma radicale ai battisti. Turín, Claudiana, 2022 (Piccola collana moderna, Serie storica, 171).
    • Francisco Rodés, “El ideal frustrado de la Reforma Protestante: el sacerdocio universal de los creyentes”, en Signos de Vida, Consejo Latinoamericano de Iglesias, núm. 41, septiembre de 2006, https://repository.globethics.net/bitstream/handle/20.500.12424/191651/n41_1.pdf?sequence=1&isAllowed=y.
    • Alfonso Ropero, “La irreformabilidad del protestantismo”, en Pensamiento Protestante, 31 de octubre de 2020, www.pensamientoprotestante.com/2020/10/la-irreformabilidad-del-protestantismo.html.
    • José Luis Villacañas, “Las construcciones de la Reforma radical”, en Imperio, Reforma y Modernidad. Vol. I. La revolución intelectual de Lutero. Madrid, Guillermo Escolar Editor, 2017.

 

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