marzo 17, 2024

1 Corintios 3.10-17 Commentary

¿Acaso no saben ustedes que son templo de Dios, y que el Espíritu de Dios vive en ustedes?

I Corintios 3.16, Dios Habla Hoy

Trasfondo

La corporalidad no ha sido un tema o realidad que haya interesado mucho a la espiritualidad evangélica convencional, precisamente porque se plantea una oposición entre cuerpo y espíritu basada supuestamente en algunas afirmaciones del Nuevo Testamento. Pero lo cierto es que, si se parte de la creencia en la resurrección corporal, tal como brota de los textos, la recuperación escatológica del cuerpo es una de las grandes afirmaciones de la fe cristiana. Hay que recordar solamente la forma en que san Pablo exhorta a presentar nuestros “cuerpos como ofrenda viva y agradable a Dios” (Ro 12.). El apóstol también utiliza la metáfora del cuerpo para referirse a la iglesia como “cuerpo de Cristo” (I Co 12), nada menos. “Y el cuerpo no es para la inmoralidad sexual, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo”, dice I Co 6.13b; “Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (I Co 6.20).

La palabra soma se utiliza en I Co 46 veces, de modo que estamos delante de una realidad y un concepto que va mucho más allá de la resistencia espiritualizante para hablar del cuerpo y vivir el cuerpo desde la matriz misma de la fe cristiana: “El cuerpo es el conjunto de la persona humana, su identificación y su realidad con sus valores y actividades, no es un elemento entre otros, describe al hombre puesto en situación y expresa sus posibilidades de relación y de solidaridad. Lo caracterizan la dinámica y la duración: es el hombre responsable de sus actos y de sus pensamientos, de su vida, de su todo, de su personalidad” (M. Carrez). Para Pablo el ser humano es un cuerpo animado y no un alma encarnada. “Pero este concepto de cuerpo no sólo es la clave de la unidad de la teología del apóstol; es asimismo el rasgo más acusado de su singularidad. Para ningún otro escritor del Nuevo Testamento tiene la palabra soma significado doctrinal alguno. Todo el desarrollo de la teología del cuerpo es típicamente paulino. Y con él se relaciona la casi totalidad de lo que Pablo aportó tanto al pensamiento como a la disciplina de la Iglesia primitiva” (J.A.T. Robinson).

El fundamento más firme del edificio (vv. 10-15)

Pablo recoge la doble metáfora positiva de Jeremías (1.10, 18): plantar y construir; Dios personalmente plantará y construirá a su pueblo en la tierra. Pablo aplica esta metáfora a la Iglesia. La Iglesia, como construcción o edificio de Dios (3, 10-15): esta imagen le permite al apóstol diversificar las aplicaciones y ubicar el lugar específico de cada uno. Él ha desempeñado una función única (3.10), la de “perito arquitecto”, pero en el origen de todo está la acción divina en Jesucristo (11). Los demás no hacen más que construir por encima de ese fundamento: “Contratados también por Dios, tienen una función distinta. Entre ellos, algunos realizan un buen trabajo, pero otros no” (3.10, 12-15).

Hay tres materiales preciosos que sirven para expresar la solidez y el valor de la construcción: el oro, la plata, las piedras preciosas, mientras que hay otros tres materiales perecederos la madera, el heno y la paja (12) indican la precariedad de la parte discutible de la construcción” (Ídem). Los “obreros apostólicos” tienen graves responsabilidades pues su obra se verá sometida a la prueba del fuego (13), la cual es una imagen que se presenta de una manera diferente: la prueba del fuego no será destructora como en la antigüedad, pero no acaba de entenderse. “El fuego parece probar a la comunidad en su conjunto, lo cual explicarla mejor las conclusiones de 3.14-15, en donde finalmente “se salva cada uno, con o sin su recompensa” (Ídem). Los integrantes de la iglesia son, a la vez, constructores y construcción:

…por sus amonestaciones e instrucciones a todos los creyentes, Pablo demuestra que la responsabilidad de levantar este templo de Dios es de todos ellos. Llama a cada uno a corregir su manera de actuar, con el fin de que todos contribuyan a edificar la congregación. A través de toda la carta a los corintios, veremos las varias maneras en que esta comunidad-templo de Dios debe cumplir su tarea de autoformación, con una buena dosis de autodisciplina y comprensión al emplear los dones que el Espíritu les da para el bien de todo el cuerpo (I. Foulkes).

El Espíritu de Dios vive en ustedes (vv. 16-17)

De la imagen del edificio en construcción permanente se pasa a la del templo mismo mediante una transición que se puede calificar de natural, aun cuando ahora se refiera a la importancia del cuerpo como portador histórico del Espíritu divino. La pregunta del v. 16 es extremadamente incisiva: “¿No saben que ustedes son templo de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?”: “El objetivo y el uso de la construcción que ellos forman tienen que importarles más todavía que la manera como han sido edificados […]. La imagen del templo se toma en un sentido colectivo, mientras que en 6.16 se la tomará en un sentido personal. Luego, como Jeremías (18.6-9), Pablo denuncia a los posibles destructores de la construcción querida por Dios. Pero ¿quiénes son esos destructores? Han de buscarse entre los fieles seducidos por la sabiduría de este siglo” (M. Carrez). Ambas imágenes son complementarias.

Al mencionar los materiales como el oro y las piedras preciosas (12) Pablo provocaba en sus lectores la memoria del templo de Dios en la antigüedad a fin de anticipar lo que vendrá en los vv. 16-17: el templo que los creyentes forman como un grupo. Antes de convertirse, los cristianos frecuentaban los templos de la ciudad, lugares en los que supuestamente vivían los dioses. Pero ahora, como seguidores/as de Jesús, al salir de ellos, se reunían en las casas. Pero por encima de todo, había un templo verdadero: “ellos mismos constituyen un templo, es decir, el lugar donde reside el Espíritu de Dios (3.16). No tienen local propio donde reunirse, pero sí tienen lo esencial de un templo: la presencia de Dios entre ellos como comunidad que lo adora y le sirve por medio del servicio mutuo” (I. Foulkes).

Conclusión

A diferencia del Antiguo Testamento, la morada principal de Dios en el mundo ya no son los edificios impersonales e inhumanos, pues ahora la comunidad es la sede del Espíritu, de manera individual y colectiva. Es un tema que Pablo ampliará enormemente en el resto de la carta. El movimiento que va de la persona corporal hacia la comunidad es enormemente dinámico y manifiesta la forma en que cada integrante debía crecer en la espiritualidad, aunque no en aquélla que trataba de mostrar su falsa superioridad sobre los demás. La edificación del cuerpo de Cristo atravesaba, inevitablemente, por el crecimiento espiritual de cada creyente, de cada familia y de todo el conjunto. De ahí que hoy debamos de tomar muy en serio que nuestra persona, como una totalidad, es el espacio histórico y existencial en el que se mueve y manifiesta el Espíritu de Dios. Y eso tiene muchísimas consecuencias para los individuos, las iglesias y el mundo. Las palabras paulinas posteriores son elocuentes y precisas al respecto: “¿Acaso ignoran que el cuerpo de ustedes es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes, y que recibieron de parte de Dios, y que ustedes no son dueños de sí mismos? Porque ustedes han sido comprados; el precio de ustedes ya ha sido pagado. Por lo tanto, den gloria a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios” (I Co 6.19-20).

Sugerencias de lectura

  • Maurice Carrez, La primera carta a los Corintios. Estella, Verbo Divino, 1989 (Cuadernos bíblicos, 66).
  • Irene Foulkes, Problemas pastorales en Corinto. San José, DEI, 1986.
  • John A.T. Robinson, El cuerpo: ensayo de teología paulina. Barcelona, Ariel, 1968.

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