enero 25, 2026

1 Juan 2.1-6 Commentary

En cambio, el que obedece lo que Dios ordena, de veras sabe amar como Dios ama, y puede estar seguro de que es amigo de Dios.

I Juan 2.5, Traducción en Lenguaje Actual

Trasfondo

En la literatura juanina hay un énfasis muy marcado en el tema del amor: desde el Cuarto Evangelio es muy palpable desde el propio Jesús de Nazaret cómo lo destacó en diferentes momentos, especialmente al referirse a la actitud dominante del Padre hacia los discípulos: “Así como el Padre me ha amado, así también yo los he amado a ustedes”, por lo que los exhorta a permanecer en su amor (15.9). Inmediatamente después relaciona su amor con los mandamientos que enseña, pues él mismo obedeció los mandamientos de su Padre (15.10). Y allí mismo hizo la gran afirmación de que el amor es el fundamento de la entrega de su vida: “Nadie tiene mayor amor que éste, que es el poner su vida por sus amigos” (15.13). Y en su larga oración final resume su labor entre ellos con el amor recibido del Padre y compartido con el grupo de seguidores: “Y les he dado a conocer tu nombre, y aún lo daré a conocer, para que el amor con que me has amado esté en ellos, y yo en ellos” (17.26). De modo que el amor (ágape) forma parte central del vocabulario teológico de Juan. “El Padre quiere también a los discípulos con amor de amistad porque ellos quieren a Jesús y le dan su adhesión (16.27: phileó). A través de Jesús y en Jesús los ama como lo ha amado a él, y lo ha demostrado comunicándoles el Espíritu por su medio (17.32, 26; 19.30). A quien responde al amor cumpliendo el mensaje de Jesús, el Padre le demuestra su amor viniendo con Jesús y quedándose a vivir con el discípulo (14.23), haciéndose compañero de vida” (J. Mateos y J. Barreto).

Si pecamos, el Señor es nuestro abogado (vv. 1-2)

El inicio de la primera carta de Juan enlaza con el comienzo del Cuarto Evangelio y subraya tres de sus temas principales: el anuncio de la venida del Verbo (Logos) de vida (1.1), el gozo de los seguidores del Señor Jesucristo (1.4) y la necesidad de vivir en la luz para manifestar que hay comunión con él y con la comunidad (1.7). La primera exhortación del cap. 2 es a no pecar (2.1a) y a confiar en que el Señor es el “abogado” (paráclito) ante el Padre (2.-1b). “El tema del pecado da ocasión al autor para entrar en materia de cristología. Jesucristo, el justo, es nuestro paráclito junto al Padre, en caso de que alguien peque. Este papel de abogado Jesús lo realiza como víctima de expiación por nuestros pecados. […] La salvación es universal y se realiza por el sacrificio de Cristo. Reconociendo que somos pecadores, nos situamos en el ámbito de esta salvación” (C. Vianney Malzoni). Esta perspectiva universal conecta directamente con las dos grandes afirmaciones de esta literatura acerca del mundo: Dios lo amó enormemente (Jn 3.16; 60 menciones), pero es preciso distanciarse de sus valores o antivalores predominantes (“Están en el mundo…, pero no son del mundo”, Jn 17.11, 14, 16; “No amen el mundo, ni las cosas del mundo…”, I Jn 2.15a; 18 menciones) para no distanciarse del Padre. “El mundo y sus deseos pasan; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (I Jn 2.17). Estar en el mundo, para los/as creyentes, no es someterse a sus principios.

El punto de partida: conocer verdaderamente al Señor (vv. 3-4)

El siguiente aspecto relevante es definir con claridad si conocemos a Jesús, más allá de la rutina religiosa que hayamos aprendido o que nos haya formado como creyentes. El autor se vale de un juego de palabras para plantear el problema: “…en eso sabemos (tiempo presente) que lo conocemos (tiempo pasado)” (v. 3). No basta con decir que lo conocemos pues eso solamente se demuestra si se obedecen sus mandamientos y éstos son en extremo exigentes. “Los mandamientos de Jesús son su palabra. Conocer a Jesús es guardar su palabra-mandamiento. Pero es necesario estar atento porque guardar, en sentido bíblico, en ningún modo significa trancar, cerrar bien, sino observar, practicar” (Ídem, énfasis agregado). Observar los mandamientos de Jesús inevitablemente nos lleva al terreno de la ética de la vida cotidiana. El texto va al corazón mismo del asunto: conocer al Señor es una experiencia real, espiritual y completamente renovadora. Nadie sale igual de cómo llega al ser confrontado con la presencia del Señor: su exigencia es a hacer un cambio revolucionario en la manera de pensar y actuar, sin retroceso posible. Es asomarse para disfrutar de la vida en plenitud, “…es conocerte a ti, el Dios único y verdadero, y a aquel que enviaste, Jesucristo” (Jn 17.3). Quienes conocieron en verdad al Señor no volvieron a ser los mismos: “Lo que, en última instancia, se discute es la naturaleza del conocimiento de Dios […] A una concepción demasiado intelectualista o de un misticismo dudoso, opone Juan la concepción bíblica, según la cual a Dios no le ha visto nadie jamás (4.12) y para la que conocer a Dios significa guardar sus mandamientos” (E. Cothenet).

El amor de Dios se perfecciona en la obediencia (vv. 5-6)

Del pecado, el texto pasa al mandamiento y del mandamiento al tema del amor, inevitablemente también. Es uno de sus grandes temas pues I Juan combate contra una “herejía silenciosa”, nada estruendosa, pero igualmente peligrosa: era “la negativa a aceptar la encarnación y sus consecuencias, en particular aquella del amor al prójimo como humilde vehículo de salvación. […] frente a este cristianismo de ‘gente simple’, los herejes proponían una comprensión intelectualista de la fe, sin mayor énfasis en el compromiso concreto. Se jactaban de conocer a Dios (2.4; 4.8), de amarlo (4.20), de estar en íntima unión con él (1.6; 2.6, 9), y de estar libres de pecado (1.8, 10). Por esta jactancia, no daban interés ninguno al amor al prójimo (2.4, 9, 11; 3.7-10, 12, 17)” (R. Lugo Rodríguez). “El amor de Dios llega verdaderamente a su plenitud en aquel que guarda su palabra” (2.5), esto es, que “en toda la carta el amor [ágape] está íntimamente ligado a Dios” (C. Vianney Malzoni). El autor sorprende al no decir que “aquel que guarda su palabra es perfecto” (como esperaban esos otros creyentes) sino “que el amor de Dios es perfecto en la palabra” (Ídem). Ellos, “junto con la negación de la encarnación y de la cruz, negaban también el compromiso del cristiano en el mundo con la caridad concreta” (G. Segalla). “Quien dice que permanece en el Señor, debe andar como él anduvo” (v. 6): “…como Jesús está en la luz, que es Dios, nosotros estamos en Jesús, pero con la condición de que guardemos (practiquemos) su palabra” (C. Vianney Malzoni).

Conclusión

El amor de Dios fue una hermosa realidad en la vida de Jesús de Nazaret y debe serlo en la realidad histórica de su iglesia. Ella misma es objeto del amor de Dios pues éste la sostiene y perfecciona mediante la obediencia a su palabra. El evangelio y las cartas de Juan enfrentaron la necesidad de cuestionar la experiencia del amor divino desde la relación crítica que tuvo la comunidad que los escribió, primero internamente, y también externamente con otras comunidades de fe. La centralidad del amor, expresada en la frecuencia de la palabra (13 menciones), fue fundamental para ella en su afán por demostrar quién conocía verdaderamente al Señor. Hoy enfrentamos un desafío muy similar en los dos sentidos: experimentar el amor de Dios por su iglesia y practicar el amor comunitario como muestra de la obediencia a los mandamientos del Señor.

Sugerencias de lectura

  • Edouard Cothenet, “Las cartas de Juan”, en Augustin George y Pierre Grelot, dirs., Introducción crítica al Nuevo Testamento. II. Barcelona, Herder, 1983.
  • Raúl Lugo Rodríguez, “El amor al prójimo, único criterio (El amor al prójimo en la primera carta de San Juan)”, en Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, núm. 17, 2001.
  • Juan Mateos y Juan Barreto, Vocabulario teológico del evangelio de Juan. Madrid, Ediciones Cristiandad, 1980.
  • Giuseppe Segalla, Panoramas del Nuevo Testamento. Estella, Verbo Divino, 1989.
  • Claudio Vianney Malzoni, “Primera Carta de Juan”, en Armando Levoratti, dir., Comentario bíblico latinoamericano. Nuevo Testamento. Estella, Verbo Divino, 2007.

Dive Deeper

Spark Inspiration:

Sign Up for Our Newsletter!

Insights on preaching and sermon ideas, straight to your inbox. Delivered Weekly!

Newsletter Signup
First
Last