febrero 4, 2024

Génesis 33.15-20 Commentary

Y allí edificó un altar y le puso por nombre El-Elohe-Israel [Dios, el Dios de Israel].

Génesis 33.20, Nueva Traducción Viviente

Jacob nos muestra una verdad que está en el centro de nuestra fe: nuestras relaciones con Dios y con las personas están ligadas. Nuestra reconciliación con Dios hace posible nuestra reconciliación con otros. Del mismo modo, en esa reconciliación humana, llegamos a ver y conocer mejor a Dios. El trabajo de la reconciliación aplica para familias, amigos, iglesias, compañías e incluso grupos de población y naciones.

Bob Stallmann

Trasfondo bíblico-teológico

Algunas iglesias o confesiones actuales han tenido que pedir perdón a otras por su comportamiento histórico en el que se ofendieron, humillaron e incluso condenaron a muerte a muchas personas por diferencias doctrinales o teológicas. Es el caso, por ejemplo, de los luteranos y calvinistas hacia los grupos anabautistas, a quienes despreciaron y persiguieron durante mucho tiempo, y de la iglesia católica hacia la ortodoxa. Uno de los resultados seculares de las afirmaciones cristianas sobre la reconciliación son las llamadas “ciencias de la paz” (disciplina que se imparte a nivel Maestría en la Universidad Mexiquense del Bicentenario), es decir, aquellas disciplinas mediante las cuales es posible: “Gestionar, como constructores de la Cultura de Paz, la vinculación de los actores gubernamentales, políticos y sociales en los procesos de diálogo, mediación, negociación y resolución pacífica de conflictos”.

¿Desconfianza o conciencia tranquila?: los dilemas de Jacob (vv. 15-16)

“Con todo, los hermanos se separan, como en otro tiempo Lot y Abraham, para seguir cada uno su destino. Esaú parece sincero en su oferta ‘yo iré a tu lado’, lenegdeka, sin precedencias. Jacob declina la oferta y lo invita a ir por delante. Esaú insiste ofreciendo una escolta y Jacob no la acepta” (L. Alonso Schökel). Cargar a cuestas la responsabilidad de ser el origen de una nación era algo enorme, lo mismo para Jacob que para Esaú. Más allá de los designios profundos acerca de su destino, la historia se encargaría de desarrollar los cauces de cada uno. Israel y Edom tendrían nuevos y duros desencuentros, pero la marca de la reconciliación obrada por Yahvé estaba ahí, como un signo inequívoco de la buena voluntad divina. Poco se fiaba Jacob de la evolución de los acontecimientos, porque su desconfianza obedecía a las muchas veces que engañó a los demás. Esaú no insistió y regresó a Seir, pues el relato considera que vivía muy al sur. Todo indica que los hechos estuvieron ligados a la zona situada al oriente del río Jordán (G. von Rad). Schökel concluye que, “en clave de pueblo” se puede afirmar que Israel se separa de Aram y de Edom, para afirmar su identidad, porque su viaje no fue en balde al tomar posiciones que después hospedarían a una parte de Israel.

Jacob-Israel, ya reconciliado, edifica un altar a Dios (vv. 17-20)

En el relato de Génesis, la reconciliación entre Jacob y Esaú forma parte de un conjunto más amplio que indaga aún más en las complejas situaciones familiares que debió enfrentar, el terrible episodio de la violación de su hija Dina, particularmente.

Junto con la maduración humana y espiritual y posesionado genuinamente del rol de la paternidad, Jacob probará la amargura de algunos fracasos en el seno familiar […] Jacob que pensaba encontrar sosiego en un lugar tranquilo se ve obligado a partir nuevamente. En realidad, la tierra de la promesa no es un lecho de rosas. […]

Pero Jacob tiene ahora las cualidades esenciales del varón: compasión y coraje. Su estabilidad emocional le permite atravesar estos momentos traumáticos sin hundirse en la desesperación (H. Cáceres Guinet).

El final del cap. 33 conduce hacia ello, no sin antes mostrar a Jacob erigiendo un altar para Yahvé, una resonancia patriarcal especialmente significativa pues a cada paso los protagonistas de la historia hicieron algo similar. Jacob ha penetrado en la tierra de Canaán y ahora en Sucot edificó una casa e hizo cabañas para su ganado (33.17), tal como si quisiera convertirse en un pastor sedentario (una especie de redefinición de su vida y acción). En Siquem “toma posesión del terreno sacramentalmente, construyendo un altar: como Abraham en 12.8, 13.18, 22.9; como Isaac en 26.25” (33.18-19) (L. Alonso Schökel). El cambio de vocabulario es  notable: el altar no se construyó sino que se erigió (20). En el verbo usado resuena la terminología de Betel y Galaad (28.12). Abraham e Isaac dedicaban el altar “al Señor”, Jacob ahora lo dedicó a “Dios, el Dios de Israel” (20b) (Ídem).

Conclusión

Un lugar tan importante como Siquem (allí reunirá Josué a todas las tribus israelitas: Jos 24) se ubica en la ruta patriarcal (“Los patriarcas han recorrido el país [… y] lo han sellado con su presencia y sus monumentos”, Ídem) y queda la impresión de que, sin haberse reconciliado, no hubiera sido acepto su altar delante de Dios. Al dedicar el altar, Jacob se presentaría ante Dios con otra actitud, ya reconciliado y en paz con su hermano y consigo mismo. Luego, en vez de dirigirse a Betel, como podría esperarse, Jacob deberá enfrentar lo sucedido a su hija, algo que vino a poner a prueba su estabilidad emocional y espiritual: “…unas relaciones que comienzan en concordia, terminan en violencia, frustrando el proyecto pacífico del patriarca” (Ídem). Lo que sucederá con los habitantes de Siquem excluyó cualquier forma de diálogo reconstructivo o reconciliación. “Tal vez este relato refleje la forma angustiosa y ambigua en que los pueblos marginales enfrentaron una nueva situación de tierra y prosperidad” (W. Brueggemann). Los frutos de la reconciliación se manifestaron en la genuina adoración a Dios y en una nueva visión de la realidad circundante para percibir los propósitos divinos. Así, es posible volver a Dios en el rostro de los hermanos o hermanas con quienes Él nos conduce hacia la reconciliación y así poder adorarlo sinceramente y de forma transparente.

Sugerencias de lectura

  • Walter Brueggemann, Genesis. Atlanta, John Knox Press, 1982.
  • Hugo Cáceres Guinet, “Algunos elementos de la espiritualidad masculina vistos a través de la narración bíblica de Jacob”, en RIBLA, núm. 56, 2007/1, centrobiblicoquito.org/images/ribla/56.pdf.
  • Luis Alonso Schökel, ¿Dónde está tu hermano? Textos de fraternidad en el libro del Génesis. Estella, Verbo Divino, 1997.
  • Bob Stallman, “La transformación de Jacob y su reconciliación con Esaú (Génesis 32-33)”, en Teología del Trabajo
  • Gerhard von Rad, El libro del Génesis. 2ª ed. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1982.

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