octubre 11, 2026

Hebreos 5.5-10 Commentary

 

Aunque era Hijo, aprendió a obedecer mediante el sufrimiento; y una vez que alcanzó la perfección, llego a ser el autor de la salvación eterna parta todos los que le obedecen. -Hebreos 5.8-9, Reina-Valera Contemporánea

 

Trasfondo bíblico-teológico

Este principio de la Reforma protestante es fundamental pues afirma que únicamente por medio de la fe en Jesucristo es posible ser justificados, es decir, declarados justos/as por Dios contra toda evidencia meramente humana. Junto con los demás principios, produce un conjunto de realidades espirituales que produce la formalización de la salvación para todo aquel/la que entra al proceso producido por el Espíritu Santo. Lo que hicieron los reformadores, siguiendo el principio de la Sola Escritura, fue dejarse llevar por el mensaje cristológico central del Nuevo Testamento. Así se estableció nuevamente la centralidad de la obra redentora absoluta de Jesucristo y el impacto grandioso de la absolución pronunciada por Dios gracias a la obra de su Hijo, un tema jurídico que trasciende lo inimaginable para llevar a la humanidad redimida a los brazos del Señor.

Cuando el Hijo atravesó el sufrimiento, llegó a ser el autor de la salvación eterna (5.5-10)

La cristología desarrollada por la Reforma protestante tomó muy en serio las grandes afirmaciones del Nuevo Testamento presentes en los Evangelios, las cartas apostólicas y el Apocalipsis para dar a conocer, por medio de la proclamación profética de la palabra divina la excelsitud de la obra redentora de Cristo. En Hebreos 4 y 5 se encuentra una de las mayores afirmaciones en las que la unidad divino-humana de la persona de Jesús de Nazaret se despliega enormemente para mostrar al Señor como un ser humano que, asumió su condición sacrificial (algo propio de este magnífico documento) a partir de una experiencia dolorosa que le hizo derramar lágrimas como parte de sus ruegos y súplicas (5.7) y aun cuando era el Hijo (8a), debió “aprender a obedecer mediante el sufrimiento” vicario y, así, alcanzar la perfección (9) para ser “el autor de la salvación eterna” (9b).

Así comenta Calvino esta porción:

El fin inmediato de los sufrimientos de Cristo era habituarse a la obediencia; y no es que haya sido empujado a ello por la fuerza, o que tuviese necesidad de ser ejercitado en esta forma, como en el caso de los bueyes o caballos cuando hay que domeñar su ferocidad, toda vez que él estaba dispuesto a rendir a su Padre la obediencia debida; mas todo esto fue realizado en relación con el provecho nuestro, para que pudiera presentar ante nosotros un ejemplo de docilidad hasta la misma muerte. Al mismo tiempo puede verdaderamente decirse que Cristo, por su muerte, aprendió perfectamente la obediencia a Dios, ya que él fue movido de manera especial a negarse a sí mismo; porque al renunciar a su propia voluntad, se entregó de tal modo a su Padre, que espontánea y voluntariamente sufrió la muerte, la cual temía sobremanera. Entonces la suma de todo es que Cristo, mediante sus sufrimientos, nos enseñó hasta dónde debemos someternos a Dios y obedecerlo.

Un sacerdocio absoluto

Por lo tanto, el sacerdocio absoluto del Señor se colocó muy por encima de todas las vías que la tradición había elaborado para buscar una especie de “atajos” para obtener la salvación. La Reforma, entonces, recuperó la grandeza de la obra salvadora de Jesucristo y la puso en el centro de la fe de todos los creyentes. En eso consiste su grandeza al hablar de la vía única para la salvación. Y nada puede estar al lado suyo en ese sentido: ni la Iglesia, ni los dogmas, ni los santos/as, ni los rituales, nada absolutamente nada. Es una cristología soteriológica totalizante y absoluta.

Conclusión

La fe en el único mediador absoluto, Jesucristo, es lo único que justifica delante de Dios. Esta gran doctrina enlazada con las demás forma un conjunto soteriológico monumental por medio del cual los creyentes tienen el acceso total ante Dios. Ser justificado por Jesucristo es experimentar la libertad absoluta del pecado, del egoísmo, del mal, de la injusticia. Es la antesala a la libertad cristiana absoluta pues la justificación posibilita la superación de todos los temores.

Afirmar que sólo Cristo salva es remontarse hasta el inicio mismo de la fe cristiana y que solamente la fe justifica situarse en el mismo horizonte apostólico que fundamenta la existencia espiritual de los seres humanos deseosos de dejarse guiar por él como Señor y Salvador. Afirmemos enfáticamente, como ayer, hoy y siempre, este gran principio bíblico que fue y sigue siendo un importante cimiento de la Reforma protestante.

 

Sugerencias de lectura

  • F. Bruce, La epístola a los Hebreos. Grand Rapids, Libros Desafío, 2010.
  • Juan Calvino, La epístola a los Hebreos. Grand Rapids, Libros Desafío, 2010.
  • Tomás García Huidobro, La carta a los Hebreos. Salamanca, Ediciones Sígueme, 2014 (Biblioteca de estudios bíblicos, minor).

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