noviembre 12, 2023

Isaías 45.9-13 Commentary

Así dice el Señor, el Santo de Israel, el que lo formó: “Pregúntenme por lo que está por venir. Pregúntenme acerca de mis hijos y de la obra de mis manos”.

Isaías 45.11, Reina-Valera Contemporánea

Trasfondo bíblico-teológico

La sección que nos ocupa comienza con un tono sapiencial con base en preguntas retóricas. Mediante el género literario de la disputa y con ejemplos tomados de la vida cotidiana, (cerámica-alfarero, hijo-padres), se subraya el hecho de que Yahvé es el sueño de la historia y quien llamó a Ciro para un destino específico. El trasfondo sigue siendo, evidentemente, la capacidad creadora de Dios y el hecho de que, si se discute su decisión de llamar a un monarca extranjero para realizar sus designios, nadie podrá objetar lo que Él ha establecido. Porque existe una relación profunda entre los actos creadores del Señor y los liberadores ligados al pacto antiguo, tal como lo explicó Walter Eichrodt:

Si el concebir la creación como obra del Dios de la alianza arrojó luz sobre la comprensión del mundo, de rechazo invistió a la voluntad creadora de los rasgos propios de una actividad personal y espiritual y de una intencionalidad moral. Una vez reconocido Yahvé como el creador, no podían valer como razones de la actividad creadora ni el impulso caprichoso ni el juego incalculable y azaroso de unas fuerzas divinas afines o encontradas, sino que, partiendo de la soberanía divina experimentada en la realidad presente, había que concluir que el orden creado sólo pudo nacer de una razón y una fuerza moral trascendentes.

En otras palabras, todo, hasta la doctrina de la creación debía ser leído en la clave de la alianza a fin de percibir la manera en que ésta podía avanzar y desarrollarse en medio de las nuevas condiciones históricas. La actuación impredecible de Dios al llamar al gobernante extranjero para realizar su plan fue canalizada mediante dicha creencia dominante y debía recibirse como parte de la resolución soberana de Dios para cumplir con sus planes a mediano y largo plazo.

La criatura no puede objetar nada a su creador (vv. 9-10)

Como parte de esta especie de diálogo con el pueblo exiliado (la golah, diáspora), en el que éste podría atreverse a objetar la elección divina del poderoso extranjero, la respuesta divina es elocuente y directa: nadie puede discutir esas decisiones que tienen un sentido, aun cuando no sea fácilmente comprensible. El creador soberano y autónomo no necesita explicar las razones de su accionar. Al brotar todas las cosas de su mano, su superioridad como fuente de la existencia anula la posibilidad de cualquier protesta, por válida que sea:

Al escuchar dos veces el nombre de Ciro, los oyentes reaccionan con extrañeza, quizá con protestas: ¿cómo va a ser un extranjero el Ungido del Señor?, ¿no va a continuar la dinastía davídica? […] En efecto, “obras de mis manos” e «hijos» son dos denominaciones de la misma realidad. Todos los hombres son hijos de un Dios, que los creó, puede escoger a quien quiera, sin tener que dar razones (compárese con Ex 19.5); toda la historia es obra de Dios, que la dirige con sabiduría. Como no recibió instrucciones para crear (40.13s), tampoco las acepta para gobernar. El pueblo tiene que aceptar el plan de Dios con gozo y agradecimiento, ha de creer en él sin discusiones. Por eso Dios insiste en el anuncio, apoyándolo en su acción creativa (L.A. Schökel).

El “modelador” de Israel, como destaca J. Severino Croatto, conduce el pacto de una manera inesperada, pero siempre coherente con los proyectos divinos más amplios. La capacidad creadora de Dios le permite incidir de este modo en la historia (política y de salvación, como una unidad): la decisión de Ciro de reconstruir la ciudad (de Jerusalén) y de liberar a los exiliados no es independiente sino parte del proyecto de Yavé” (Ídem).

“Pregúntenme… por la obra de mis manos” (vv. 11-13)

La criatura (individuo y comunidad) es confrontada por el creador para preguntarle por tres realidades: el porvenir, sus hijos y la obra de sus manos. “Yavé, el modelador de Israel, no puede aceptar que se cuestione sobre sus hijos, los exiliados” (Ídem). Se le recuerda al pueblo su absoluta dependencia en relación con Dios en el marco del pacto y de la creencia firme en Dios como creador, encaminado todo ahora hacia la liberación de Israel: “La palabra profética en 45.11-13 está dirigida a la golah y a aquellos que no quisieron reconocer que Yahwéh, ‘Hacedor de Israel’, había llamado a un comandante militar extranjero como libertador. Sin embargo, Yahwéh puede ejercer su derecho de dirigir la historia como quiera, un derecho indiscutible que se ha ganado como Creador de la tierra, las personas y las estrellas: ‘Lo he despertado en justicia y suavizaré todos sus caminos’ (45.13a)” (Ulrich F. Berges).

Yahvé acepta ser interrogado, pero no como para responder en una especie de juicio sino para puntualizar lo que hace por causa de su potencia creadora (12: “Yo hice la tierra; hice también al hombre y lo puse sobre ella. Yo extendí los cielos con mis manos, y di órdenes a todas sus estrellas”), que ahora estará, a través de la hegemonía extranjera, al servicio de “la liberación de mis cautivos”, “mi golah”, como dice el texto original (13a). Ése es el peso específico de esta recuperación liberadora de la doctrina de la creación: proporcionar esperanza a una comunidad desperdigada y sin un destino claro. Las preguntas planteadas vienen de los israelitas exiliados, destinatarios permanentes del profeta, que enfrentaban una severa crisis de fe en el Dios de la alianza.

Conclusión

Las dudas del pueblo tenían que ser respondidas por este fuerte lenguaje basado en el poder creador de Dios (de manera similar a como respondió a Job, la víctima inocente). El pueblo estaba desanimado, deshilachado, sin rumbo claro. Pero Yahvé responde en la clave creadora para reconstruir la esperanza de los cautivos: “…no se puede objetar la capacidad de Yavé de actuar en la historia, como no se la objeta para la creación. Sobre todo, que aquella obra defectuosa no es tal: el proyecto de liberación por medio de Ciro es lo que cuenta en este momento” (J.S. Croatto). El proyecto divino sería capaz de recrear al pueblo y de otorgarle un destino acorde con el pacto y sumamente positivo, en consecuencia. No estamos delante de una lectura triunfalista de la historia de salvación, por el contrario, nos asomamos a un episodio en el que la fe en el Dios que hizo todas las cosas se reinventa y funciona efectivamente para mirar siempre hacia adelante, hacia el futuro de Dios: “Y esto es un canto a la esperanza. El metamensaje del texto obliga a mirar al futuro (la liberación) y no al pasado (cómo uno fue hecho). No sólo eso, sino que tampoco el pasado es producto de una incapacidad de Yavé sino, en definitiva, su obra. Y ésta revela justamente su finalidad justamente por cómo fue hecha” (Ídem). Dios se sigue manifestando en su creación y en la historia y es preciso estar atentos/as a las señales de su permanente actuación a favor de su pueblo y de la humanidad.

Sugerencias de lectura

  • Ulrich F. Berges, The Book of Isaiah: Its composition and final form. Sheffield, Sheffield Phoenix Press, 2012.
  • José Severino Croatto, Isaías: la palabra profética y su lectura hermenéutica. Vol. II. 40-55. Buenos Aires, Lumen, 1994.
  • Walter Eichrodt, Teología del Antiguo Testamento. II. Madrid, Ediciones Cristiandad, 1975.
  • Luis Alonso Schökel y José Luis Sicre, I. Madrid, Ediciones Cristiandad, 1980.

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