agosto 13, 2017

Isaías 5.1-7 Commentary

ALIMENTAR LA IMAGINACIÓN HISTÓRICA: LA METÁFORA DE LA VIÑA (Isaías 5.1-7)

Mi viña, mi plantación más querida,

son ustedes, pueblo de Israel;

son ustedes, pueblo de Judá.

Yo, el Dios todopoderoso,

esperaba de ustedes obediencia,

pero sólo encuentro desobediencia;

esperaba justicia,

pero sólo encuentro injusticia.

Isaías 5.7, Traducción en Lenguaje Actual

Trasfondo bíblico

Por “imaginación histórica” entendemos aquí la capacidad de los seres humanos para situarse ante los acontecimientos que les toca vivir y transformarlos en sucesos significativos para el presente y el futuro. La fe es capaz de influir en la forma en que esta capacidad coloca las acciones del Dios de Jesús en una dimensión útil para la vida con profundo significado en el mundo. Los seguidores de Jesús de Nazaret deben desarrollarla para afrontar con fortaleza espiritual incluso los episodios más oscuros que les corresponda vivir. La Biblia contiene numerosos ejemplos de esta experiencia.

¿Una memoria implantada?

Esta idea, proveniente de la literatura y el cine de ciencia ficción, describe muy bien lo que sucede con una forma muy extendida de asumir el cristianismo: parecería que al convertirse, a algunos creyentes les instalan recuerdos prestados, ajenos, es decir, historias y situaciones que no les pertenecen. Se trataría de algo así como de un proceso que les colocaría unos lentes extraños para seguir viendo su realidad y la vida en general, con otros ojos. Esto se debe a que, lamentablemente, muchas veces se entiende la transformación de las personas y su apego a las Escrituras judeo-cristianas, como la imposición de una manera de vivir y pensar que debe alejar a los sujetos de su realidad psicológica y cultural. La conversión a Cristo es, en efecto, un cambio radical de modelo de vida y de hábitos, entre ellos el de la lectura, pues ahora el centro de la existencia espiritual debe ser el contacto permanente con la Biblia. Se entiende que ésta es el libro sagrado y la única fuente de interpretación de la totalidad de las cosas. Es una vasta tarea que se encarga a las personas, pero a veces sin las suficientes herramientas que anclen o coloquen dicho esfuerzo de lectura dentro de las coordenadas de la propia Escritura.

Como explica Walter Brueggemann, es necesario conectarse con la tradición bíblica para beber de ella y aprovechar, en el esquema del apóstol Pablo, del enorme tronco que representa la fe milenaria en la que Dios nos ha injertado a través de Cristo (Ro 11.17-20). Brueggemann especifica:

Una de las finalidades primordiales de la lectura y del estudio de las Escrituras es llegar a participar de una forma responsable en dicha historia de la alianza, compartir sus pareceres y matices para que nuestro mundo vivido se ajuste a la esencia de sus palabras. Pero para llegar a ser un participante responsable es necesario leer la Biblia desde dentro, lo cual no es nada fácil. A primera vista, somos ajenos a su lenguaje, a sus esquemas de pensamiento y a sus supuestos culturales e históricos. […]

La fe bíblica consiste en tomar parte en otra historia. Se trata de poseer recuerdos que otros no pueden recordar, de tener promesas que otros no pueden imaginar, de tener una identidad y una vocación que otros ignoran o no se toman en serio. Dado que la Biblia es muy extraña, tendemos a quedarnos fuera de su especial mundo vivido. (Énfasis agregado.)

Esta extrañeza cronológica, geográfica y cultural de la Biblia es una barrera que sólo puede superarse con un esfuerzo mental y espiritual. La lectura seria de la Biblia implica el manejo de suficientes recursos aplicados con diligencia. Brueggemann llega al extremo de sugerir una serie de pasos que, normalmente, chocan con lo que normalmente sucede en las iglesias a la hora de acercarse a las Escrituras:

1) estudiar su cronología, para entender las relaciones entre sus elementos;

2) conocer el lugar de cada texto en dicha cronología;

3) familiarizarse con la geografía de Canaán y los territorios vecinos, en el caso del Antiguo Testamento y de otros territorios para el caso del Nuevo;

4) entender las relaciones internacionales, o sea, cómo interactuó Israel con los principales pueblos del Creciente fértil (Mesopotamia);

5) informarse sobre las crisis religiosas que atravesaron dichos pueblos; el sincretismo, la urbanización, el exilio y la fundación, entre otros; y

6) estar conscientes de la importancia en la vida cotidiana de instituciones como la monarquía, las leyes y el culto.

Uno de los puntos de partida, en este procedimiento, que sólo se va revelando con años de familiaridad es la identificación de unidades o bloques de significado. Entre ellos hay que mencionar las grandes metáforas y símbolos que concentran reservas de interpretación y explicación aplicables a situaciones históricas similares, como por ejemplo la figura del faraón (asociada a la opresión) y el pan en el desierto (muestra de cómo Dios tiene el poder de alimentar a su pueblo integralmente). Otro ejemplo de esto es la propuesta de Isaías, acaso el profeta más conocido del siglo VIII a.C., acerca de la viña, surgida de muchos recuerdos y asociaciones ligados a un elemento cultural y gastronómico profundamente arraigado en la vida de Israel, que como cultura mediterránea participa de la experiencia permanente de estar en contacto con el sabor y las peculiaridades de la uva. Por esta familiaridad, el tema de la viña aparece en la Biblia y funciona como un ejemplo muy claro de las relaciones existentes entre Dios y su pueblo, al ser visto éste como un patrimonio obtenido durante años de esfuerzo y dedicación. Dos casos: Gen 9.20: Noé planta una viña; Ap 14.19: un ángel haciendo la vendimia en la viña de la historia humana.

Necesidad, funciones y aplicación de la imaginación histórica

Los textos de la Biblia esperan mucho de nuestra creatividad como lectores y “aplicadores” de sus consecuencias. Pero para lograrlo, Brueggemann señala que hay que poner a trabajar la imaginación histórica:

La clave para comprender las Escrituras desde su interior y enfocar la realidad con base en la historia y la alianza, consiste en alimentar la imaginación histórica. La palabra imaginación hace referencia a la disponibilidad y sensibilidad hacia las palpitaciones de significado que se perciben al reflexionar sobre la experiencia histórica en una comunidad. La imaginación de la comunidad bíblica juega principalmente con imágenes que provienen de esa historia particular. (Énfasis agregado.)

Y agrega: “La imaginación impide que el pasado bíblico sea algo de una sola dimensión, apagado y cerrado, un relato aburrido de una antigüedad remota. Si se aborda con imaginación, la tradición se percibe como un conjunto de recuerdos vivos que presionan al presente en busca de respuestas y recursos”. Esto quiere decir que debemos ser lectores muy activos de los textos bíblicos para que éstos nos sigan hablando al corazón, a la memoria y nos ayuden para actuar mejor en el mundo.

El “cántico de la viña” de Isaías 5 y su relectura de Mateo 21 ofrecen la posibilidad de acercarse a una metáfora (comparación, lenguaje figurado, explicación poética) que, aplicada a una circunstancia particular, vuelve a entregar su significado. Así es como puede llegar hasta nosotros para recordarnos, en primer lugar, el amor de Dios y su esfuerzo para trabajar la viña (v. 2), en segundo lugar, la expectativa divina por obtener buenos frutos de ella (v. 2b: “dio uvas silvestres”). Una lectura crítica del texto afirmaría que el pasaje habla de las esperanzas frustradas de Dios en relación con el reino de Judá, pues su viña personal no le dio el fruto deseado.

El v. 4, con un tono exhortativo, se plantea la pregunta sobre la conducta del dueño de la viña ante los malos frutos y el versículo siguiente anuncia el juicio que vendría sobre el pueblo y cómo sería pisoteada por pueblos ajenos. El v. 6 da más detalles al respecto y el 7 explica la comparación con un aire profético que subraya lo que esperaba Dios de Judá: juicio, en vez de vileza, y justicia, en vez de clamor. La figura de la viña para Israel procede de Oseas (10.1) y del Salmo 80 (vv. 8-16). “El cántico de la viña ha resultado ser una parábola jurídica, por medio de la cual el poeta ha conducido a los ciudadanos de Judá a condenarse a sí mismos” (Gary Williams). El resto del capítulo desarrolla las consecuencias del cántico en un lenguaje que lamenta las acciones injustas del reino de Judá (reino ubicado en el Sur después de la división del pueblo).

Conclusión

Cuando Jesús retoma el motivo de la viña en Mateo 21, la frustración divina se había acumulado, cuando menos, durante otros ocho siglos. Israel, como viña del Señor, había resultado un pésimo negocio y ya sabemos lo que se hace cuando una empresa no funciona: se vende, se traspasa (Mt 21.41) o se cierra… Sólo que Jesús, al agregar un eslabón a la cadena de la metáfora de la viña, agrega el elemento escatológico y misionero para incluir a quienes darán frutos para el crecimiento del Reino de Dios en el mundo (Mt 21.43), es decir, los gentiles, o dicho de otra manera, los que sin ser judíos, desean beber de la fuente histórica de la actuación de Dios para beneficio de la humanidad. Jesús se remonta en el tiempo y habla a nuevas generaciones de creyentes que desean encarnar la realidad histórica de su viña y dar los resultados que él espera. Es preciso escuchar ese llamado y aplicar a la Iglesia y a la vida personal la expectativa divina sobre su obra en cada uno de nosotros.

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