marzo 31, 2024

Isaías 53.10-12; 61.1-6 Commentary

Después de tanta aflicción verá la luz,

y quedará satisfecho al saberlo;

el justo siervo del Señor liberará a muchos,

pues cargará con la maldad de ellos.

Isaías 53.11, Dios Habla Hoy

Dios le ha respondido [a Jesús] más allá de la muerte, como saben y proclaman, con la fuerza del Espíritu, los fieles de la iglesia. La cruz y la pascua forman según eso un acontecimiento doble, son cuestión y respuesta, diálogo cumplido y culminado. […] La pascua es la respuesta del Padre, que no libera a Jesús de la muerte, sino que por ella y en ella le acoge en la Vida y comunión completa de su gracia, en amor originario y final donde recibe su sentido la historia de los hombres.

Xabier Pikaza y Bárbara Andrade

Trasfondo bíblico-teológico

El cuarto Cántico del Siervo sufriente de Yahvé termina con palabras de reivindicación, esperanza y superación de la muerte. La prolongación de su vida, anunciada en 53.10 está ligada a su aceptación de una muerte expiatoria, además de que es el canal para el éxito de los planes divinos, todo lo contrario de la oposición y la tragedia que experimentó. La situación se ha invertido completamente y, ahora, el horizonte era promisorio y luminoso: “No haciendo nada, no diciendo nada, hace que triunfe el designio de Dios” (L. Alonso Schökel y J.L. Sicre).

Hasta aquí nuestro esfuerzo por contemplar la figura poética que el autor nos ha presentado, a través del testimonio de un grupo anónimo y enmarcada en un oráculo divino. Ahora preguntamos: ¿quién es ese personaje anónimo?; al menos, ¿a quién se parece, o quién se parece a él? Los investigadores han intentado contestar a la primera pregunta, cuando quizá sea mejor comenzar por la segunda. La figura se parece a Moisés, el hombre de más aguante del mundo, entre los reyes se parece a Josías el malogrado, a Jeconías el desterrado, entre los profetas se parece, sobre todo, a Jeremías, también se parece al cantor de la tercera Lamentación (otro anónimo) Algunos piensan que es el mismo “siervo” de los cantos precedentes, otros que es Isaías II, otros lo identifican con el pueblo judío o con una selección de él (Ídem, énfasis agregado).

La reivindicación absoluta del Siervo (53.10-12)

Al reivindicar completamente al Siervo, Dios actuó como después lo haría con la persona de Jesús, su Hijo. Anula el juicio humano y declara como inocente a su Siervo; es más, su padecimiento inocente “servirá para llevar a la justicia a los demás. […] Esos hombres rehabilitados, liberados de una condena merecida, serán el despojo o botín de victoria comparable con el botín de hombres poderosos […], pero diverso, porque es botín de rescatados […] Su vida, pasión y muerte han sido ‘intercesión’, que el Señor ha aceptado, su silencio ha sido oración escuchada” (Ídem). El Señor apreció sus sufrimientos y consideró su muerte como un sacrificio que se ofrecía por la salvación del pueblo. Su muerte sería, a la vez, la salvación para los demás y la apertura para él de la felicidad perfecta, presentada bajo la imagen tradicional de una vida larga con numerosos hijos” (C. Wiener). No existe recuperación, no se realizaría el proyecto de salvador de Yahvé sin una descendencia, física y espiritual. Su vida se prolongará en una estirpe que llevará adelante y experimentará las promesas divinas en un futuro perentorio. “Ver la luz” es interpretado como que “resucitará” (E. Dussel), por lo que su recuperación de la vida es una proyección de la existencia en el tiempo. Su “lugar entre los grandes” corrobora la reivindicación completa de que es objeto.

La proyección de la obra del Siervo vivificado (61.1-6)

El Siervo glorificado, evidentemente, es una figura anticipada del Mesías venidero, razón por la cual, en la tercera parte de Isaías aparece el programa del Señor a través de su escogido, quien deberá desarrollarlo de la misma manera que el Siervo en el primer Cántico (42.7), esbozado como está para promover la recuperación total de la fe y la esperanza del pueblo. En 61.1-6, que sería leído por el propio Jesús en la sinagoga de Nazaret (Lucas 4.16-30), se despliega claramente el proyecto divino: el Espíritu de Dios vendría sobre él para:

a) “predicar buenas nuevas a los abatidos” (1a);

b) “vendar a los quebrantados de corazón” (1b);

c) “a publicar libertad a los cautivos” (1c);

d) “a los presos apertura de la cárcel” (1d);

e) “proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro” (2a);

f) “consolar a todos los enlutados (2b); y

g) “ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado” (3a).

Se trataba, justamente, de agrupar todas estas obras de servicio en el marco del Reino de Dios que anunciaría y viviría el Señor Jesús, además de relanzar la reconstrucción del pueblo como tal (v. 4), someter a los extranjeros (5) y, sobre todo, ampliar la plataforma sacerdotal a toda la comunidad (v. 6). Todo ello conseguido por el Siervo vivificado, anuncio del Mesías esperado que se encarnaría en la figura y acción de Jesús de Nazaret.

Conclusión

Todo el Nuevo Testamento está marcado por el lenguaje de Isaías 53. Su uso aparece en las confesiones de fe más antiguas, como en I Corintios 15.3b-5 […], en Romanos 4.24s […] o en el himno solemne de Filipenses 2.6-11 […] (tomando la “forma” de siervo, llegado a ser a semejanza de los hombres) […], por eso Dios lo exaltó (52.13). […]

La relectura cristológica de Isaías 53 que practica el Nuevo Testamento es importante desde cualquier punto de vista […], pero no agota su sentido. Ni hacia atrás, pues el mensaje del texto en el momento de su producción […] sigue teniendo vigencia […]. Ni hacia adelante, ya que nuevas situaciones históricas permiten nuevas apropiaciones del sentido. Los oprimidos —sean pueblos, comunidades o personas— pueden hoy identificarse con la figura del siervo, cuyo sufrimiento y muerte representan su situación histórica concreta, mientras que su exaltación simboliza para ellos la esperanza del triunfo, utópico o no. Cuando uno actualiza sólo el momento del padecer y del morir significa que ha internalizado la opresióny entonces su identificación con el siervo (como con el Crucificado) es un sedante espiritual. El oprimido se libera cuando sale de su situación, lo que se vive anticipadamente celebrando la exaltación y glorificación de aquel mismo siervo sufriente (J.S. Croatto, énfasis agregado).

Por eso mismo, la “mística del servicio” practicado por este personaje, como bien subraya José Ignacio González Faus, es a la que son llamados/as quienes se unen a su perspectiva crística y cristológica mediante la fe, la indignación y la vocación profética partiendo de un aparente fracaso, pero sin dejar de asomarse al horizonte de exaltación y consumación que representa la resurrección/recuperación de la vida y la esperanza.

 Sugerencias de lectura

  • José Severino Croatto, Isaías: la palabra profética y su relectura hermenéutica. Vol. II: 40-55. La liberación es posible. Buenos Aires, Lumen, 1994.
  • Enrique Dussel, “Habodah en los poemas del Siervo de Yahvéh” [1963], en Hacia los orígenes de Occidente. Meditaciones semitas.México, Kanankil Editorial, 2012, http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/otros/20120130110342/8apen.pdf.
  • José Ignacio González Faus, Servir para una espiritualidad de la lucha por la justicia en los “Cantos del siervo” de Isaías. Barcelona, Cristianismo y Justicia (CJ, 96).
  • Xabier Pikaza, “Bárbara Andrade: una ‘teóloga esencial’”, en Religión Digital, 22 de enero de 2014, religiondigital.org/el_blog_de_x-_pikaza/Barbara-Andrade-teologa-esencial_7_1540415958.html.
  • Luis Alonso Schökel y José Luis Sicre, I. Madrid, Ediciones Cristiandad, 1980.
  • Claude Wiener, El Déutero Isaías. 2ª ed. Estella, Verbo Divino, 1980 (Cuadernos bíblicos, 20).

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