Habitantes de Jerusalén,
ustedes están llenos de esplendor
porque la gloria de Dios
brilla sobre ustedes.
Una noche oscura
envuelve a las naciones,
pero Dios hará brillar su luz,
y así los reyes del mundo
verán la gloria futura de Israel.
Isaías 60.1-3, Traducción en Lenguaje Actual
Trasfondo bíblico-teológico
La tercera parte del profeta Isaías (caps. 56-66) contiene una serie de mensajes relacionados con el regreso del pueblo a la tierra después del exilio, por lo que el mensaje que pronuncia está dirigido a la reconstrucción del pueblo en la vertiente espiritual y teológica, dado que otros personajes como Zorobabel, Esdras, Nehemías y Hageo se ocuparon de otros aspectos. El proyecto “Luz de los gentiles” del Segundo Isaías fue relanzado ante las nuevas circunstancias para que el pueblo de Dios pudiera recuperar el horizonte histórico, el sentido de futuro que requería y, efectivamente, desde una visión universal. Jerusalén es vista como una ciudad que representa la vida de todo el pueblo como una totalidad que avanzaba hacia su reintegración completa:
El capítulo 60 es uno de los grandes poemas del libro, que canta con espléndidas imágenes y entusiasmo nacional el triunfo de la luz, la peregrinación de los pueblos. El espíritu es nacionalista: los pueblos rinden homenaje a la ciudad antes humillada, enriquecen a la despojada; el triunfo fantástico de la luz desborda la limitación o permite contemplar la ciudad como tipo. Así se bifurcan dos lecturas del mismo texto: una subrayando el nacionalismo histórico, otra subrayando la iluminación y peregrinación universal. La primera se pega al sentido inmediato, la segunda lo supera (L.A. Schökel y J.L. Sicre Díaz).
La gran metáfora de la luz (vv. 1-3)
El lenguaje metafórico sobre la luz en Isaías 60 sirve para que el mensaje profético apunte hacia las acciones restauradoras de Dios en medio de un pueblo que necesitaba recomponer su vida presente y su destino. El dinamismo de la luz será capaz de superar al realismo histórico para ver las cosas desde una mirada esperanzadora y llena de fe. No se trataba solamente de levantar el ánimo de una comunidad deprimida y sometida por los vaivenes de la historia, sino de encontrar en las nuevas circunstancias la forma en que la mano de Dios seguiría conduciendo a ese pueblo hacia nuevos derroteros en el marco de la reconstrucción casi completamente realizada de sus bases religiosas, culturales y espirituales. La gran metáfora de la luz cumple una función abarcadora del mensaje, tal como lo expusieron Alonso Schökel y Sicre:
El esquema nos hace ver la función de la luz aurora, no hay ocaso. Se podrían leer por separado los vv. 1-3, 19-20 para concentrarse en el tema de la luz; puede ser útil para apreciar la concentración, pero más importante es descubrir su función poética. […] es de noche, oscuridad universal, de repente el centinela anuncia la aurora. Va esclareciendo extrañamente en un punto central (no en oriente), y todos se vuelven a contemplar esa luz inesperada, que los cita. Se ponen en movimiento los hijos dispersos y pueblos extranjeros que se ofrecen a llevarlos. Van llegando una inundación de camellos y un volar de navíos. Es de día y vienen los trabajos de la reconstrucción, la acumulación de tesoros, el triunfo de la justicia y la paz. Con esto se ha llenado el tiempo del día y podemos prepararnos para la noche, la noche no llega, porque ha comenzado el día único sin término, día de luz, vida, justicia y fecundidad (Ídem).
El anuncio es “un poema escatológico, luz y pueblo se mueven. El ambiente es de oscuridad, la maldad y lo que está detrás oculto. […] La futura gloria de Sión como representación de la ciudad de Dios. A la ciudad antes oprimida y rechazada ahora le devolverá su riqueza. […] Isaías3 ajusta el mensaje de Isaías2 a su nueva situación histórica” (R. Pola Baca).
Jerusalén como punto de reunión universal (vv. 4-7)
En los vv. 4-7 el mensaje se orienta hacia la visión de un conjunto que se reúne alrededor de Jerusalén como punto de reunión universal luego del exilio en el que sus hijos e hijas regresan a la ciudad (v. 4). La nueva grandeza de la ciudad representa el cumplimiento de la promesa divina de abundancia y riqueza (v. 5). Eso haría que la ciudad esté “radiante”, “deslumbrante”, llena de luz. Se anuncia también que los extranjeros que la enriquecerán “proclamarán alabanzas al Señor” (6b), en un acto de conversión (los extranjeros serían admitidos en el seno del pueblo de Dios ¡y hasta en el sacerdocio!: 66.21) y de reconocimiento que se vislumbra claramente en esta sección del libro. La integración de los extranjeros sería un signo nuevo de lo que se estaba reconstruyendo: “…la restauración se llevaría a cabo alrededor de Jerusalén. Se llegaría a recomponer la globalidad escindida de los elementos existentes: judíos provenientes del exilio, judíos que quedaron en el país y extranjeros que moraban en Judá y Benjamín” (N. Vélez Chaverra).
Jesús retomaría en su práctica estos elementos también presentes en las alternativas de Rut, del III Isaías y de los profetas. “Volvió a la tradición pero la recreó abriéndola a los ámbitos de la solidaridad universal” (Ídem, énfasis agregado). “Se destaca el prestigio de esta nueva Jerusalén, llena de hijos, con un culto enriquecido por tantas ofrendas provenientes de todas partes. Dicho prestigio se concentra en el ‘esplendor’ aumentado del templo, como termina señalando el 7b” (J.S. Croatto).
Conclusión
El resplandor de la Jerusalén restaurada únicamente le viene de Dios: su atractivo y luminosidad solamente proceden de él. Lo mismo sucede con la iglesia, pues más allá del acopio de elementos con que se quiera embellecer o hacerse deseable para las personas, únicamente Dios le puede otorgar belleza y esplendor. Esto debe saltar a la vista cuando se hacen los recuentos históricos que permitan ir más allá de cualquier forma de orgullo pues de Él procede la luz que ilumina al pueblo de Dios como continuidad presente de la obra de Dios en el mundo. La gloria (kabod) de Dios que se manifiesta en la ciudad-pueblo-iglesia está ligada íntimamente a la luz (v. 1). Todo lo que hace que la iglesia brille viene de Dios: “…pero sobre ti brillará Yavé, su energía/gloria sobre ti aparecerá (yera’eh)”, como traduce admirablemente Croatto. Pero “si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡cuán grande será la oscuridad!” (Mt 6.23) es una advertencia sólida del Señor colocada en la misma tradición simbólica del par luz/tinieblas. “Pues Yavé será para ti como luz eterna” rematará el v. 20 con un sabor a promesa que llega hasta nosotros. Y de ello se hará eco el Apocalipsis en su visión de la nueva Jerusalén: “…la gran ciudad santa de Jerusalén, […] teniendo la gloria de Dios. y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima…” (21.10b-11)
Sugerencias de lectura
- José S. Croatto, Imaginar el futuro. Estructura retórica y querigma del tercer Isaías. Buenos Aires, Lumen, 2001.
- Rafael Pola Baca, Profecía y crónica en el tercer Isaías, Esdras y Nehemías: Hermenéutica bíblica en la literatura del Israel del post-exilio. Tesis de doctorado en Filosofía, UNAM, 2016.
- Luis Alonso Schökel y José Luis Sicre Díaz, I. Isaías. Jeremías. Madrid, Ediciones Cristiandad, 1980.
- Neftalí Vélez Chaverra, “Reconstrucción e identidad. La alternativa de Esdras”, en Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, núm. 9, 2001.
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mayo 3, 2026
Isaías 60.1-7 Commentary