enero 4, 2026

Lamentaciones 3.22-24 Commentary

Por la misericordia del Señor
no hemos sido consumidos;
¡nunca su misericordia se ha agotado!
¡Grande es su fidelidad,
y cada mañana se renueva!

Lamentaciones 3.22-23, Traducción en Lenguaje Actual

Trasfondo bíblico-teológico

El tema central de la tercera lamentación sigue siendo el mismo: Dios es quien castiga con justicia los pecados, pero también es el único que puede salvar. El hecho de que esta lamentación esté redactada casi toda ella en primera persona del singular ha multiplicado las opiniones de los investigadores al respecto: ¿Habla el profeta Jeremías? ¿Sión personificada? ¿El rey Joaquín o Sedecías? Sea quien sea, es la persona concreta quien mejor y más profundamente expresa el dolor y la súplica, el reconocimiento de sus pecados y su esperanza en la misericordia divina, su propio ser y su pertenencia a un pueblo (L.A. Schökel).

La expresión del dolor humano individual o colectivo ha encontrado cauces poéticos y religiosos que permiten, al nombrarlo, proponer posibilidades de superación a fin de reencontrarse, como sucedió con el pueblo de Dios en el sitio de Jerusalén, con las promesas antiguas de la divinidad que debían actualizarse y ser experimentadas de una manera nueva y desafiante. En Lamentaciones 3 a la descripción de lo hecho por Dios le siguen palabras de alabanza y confianza en que Dios protegerá a quien clama a él. El responsable de lo sucedido es Dios mismo “y nada se asume como el fruto de la acción de fuerzas extranjeras, luchas políticas entre naciones ni tensiones internas que pueden haber ayudado a crear las condiciones para la invasión. La interpretación teológica prima sobre otras posibles debido a que al autor no le interesa cargar sobre los extranjeros sino poner en evidencia la ruptura de la alianza y la concreción de la acción de Dios largamente anunciada” (P. Andiñach). La memoria tendrá un lugar muy importante (vv. 19-20) para remontar el sufrimiento: “En el v.19 lo que el orante pide a Yahvé es que recuerde su ‘aflicción’ y su ‘vagar’” (M.L. Batista).

Asomarse a la ternura divina renovada continuamente (vv. 21-22)

A las amargas palabras de la primera parte de poema le sigue un giro que desembocará en una auténtica catarsis, propia de una persona que, como parte de la comunidad, habla en su nombre. Asume así una voz colectiva que puede asomarse, con base en la fe acumulada y ansiosa, a la naturaleza perdonadora y misericordiosa de Yahvé: “Ahora [el orante] deja de centrarse narcisistamente en su persona y se dispone a dar una lección sobre el amor de Yahvé y la actitud de los dolientes ante su sufrimiento (vv. 22-31). El tono es abiertamente didáctico. No se niega el dolor, sino la soledad que suele acompañarle. El amor de Yahvé se cierne sobre el dolor, dispuesto a suprimirlo: ‘No se complace en afligir’” (v.33). estamos delante de un caso en que la aflicción se resuelve en la ternura divina que se renueva cada día (Ídem).

En medio de la circunstancia emocional tan deprimida, surgen las primeras palabras de esperanza, que van a ser, en sentido estricto, el centro estructural y teológico de todo el libro: “Sé que no hemos sido destruidos / porque Dios nos tiene compasión. / Sé que cada mañana se renuevan/ su gran amor y su fidelidad. / Por eso digo que en él confío; / ¡Dios es todo para mí!” (22-24). A partir de ahí el lenguaje cambia, pero además se va a establecer una reflexión teológica consistente para colocar el pacto antiguo en una nueva dimensión de trato hacia el pueblo que se puede calificar de dialéctica. La afirmación de confianza es eminentemente individual (24) y de allí se parte para exhortar a los demás a confiar en Yahvé, aunque con una mirada nueva de la fe, de la historia, de la vida completa (25). La espera de la salvación debe ser paciente y deben aprenderse las lecciones desde la juventud (26-27), etapa de hondo aprendizaje, pues el sufrimiento puede afrontarse desde el silencio cuando Dios lo ordena así (28, 29-30). La actitud propuesta es definitivamente mística, contraria al exceso de palabrería de otros momentos, ante la que bien vale la pena recuperar lo que la propia Escritura afirma en otros lugares (“calle delante de Él toda la tierra”, Hab 2.20; “sean pocas tus palabras”, Ecl 5.2).

La misericordia/ternura de Dios se renueva cotidianamente (vv. 23-24)

Desde sus recuerdos personales el creyente se levanta para afirmar con total certidumbre que “la misericordia de Yahvé no ha acabado, / que no se ha agotado su ternura” (22) (V. Morla), la esperanza ha renacido. La memoria del poeta es la que lo sacará del pozo sin fondo en el que se abate con desesperación. Ofrece tres términos para definir con exactitud la acción salvífica de Dios: misericordia (hesed), ternura [rahamim, “entrañas”, “cariño”] y fidelidad (emunáh). El primero, se deriva también en “lealtad”, “compromiso” como parte del pacto. El segundo, define los sentimientos compasivos de Dios. El tercero, se asocia también a la teología del pacto, se puede traducir también como sinceridad, honradez, rectitud (Ídem). Todas esas cualidades del Dios del pacto no se han agotado y, por el contrario, se renuevan cada día: “Las tres ‘virtudes’ divinas se hallan por encima y más allá de sus correspondientes humanas, ya que no pueden agotarse o desgastarse, pues día a día vuelven a ser estrenadas por Yahvé. El poeta nos ofrece una confesión-resumen: ‘¡grande es su fidelidad!’, que podría traducirse: ‘¡su fidelidad es ilimitada!’” (Ídem).

La reacción del creyente que ora es exultante: “Por eso digo con toda el alma: / ‘¡El Señor es mi herencia, y en él confío!’” (24). Nuevamente la voz individual se impone y ahora la heleq, “herencia”, “parcela” o “destino” inclusive, en su vertiente teológica, aparece como la concentración de todo lo expuesto: “La persona religiosa cultiva en su interior la convicción de que Yahvé es ‘lo que mejor le podía tocar en suerte’: en Él encuentra refugio y seguridad; en Él se apoya su proyecto humano” (Ídem). Dios es su destino absoluto en la historia personal y colectiva.

Conclusión

A la primera impresión que producen los versos iniciales de Lam 3 mediante una descripción minuciosa del sufrimiento y de la pérdida experimentada e incluso de ver a Dios casi como un enemigo, como alguien que no ve su dolor y que lo persigue encarnizadamente le sigue una conclusión admirable y edificante:

Pero luego de este largo relato del dolor, en el límite con la desesperanza, algo emerge en el corazón de esta persona (vv. 19-21). Y esto no es  casual: él  ha  decidido traer a su  corazón una experiencia, la memoria le hace presente algo que significa mucho para él. Es la reserva de fe, la tradición creyente de su pueblo en la que fue educado y que está presente en su corazón, en la que él parece apoyarse ahora. La memoria de este Yahvé que nunca abandona, lleno de ternura, de un inmenso amor para su  pueblo, que lo rescató y lo sigue rescatando. En medio de este camino de angustia y dolor  máximo, donde se encuentra cara a cara con la muerte, él ha podido divisar una luz (M.L. Batista, énfasis agregado).

Ésa es la gran enseñanza sapiencial de Lamentaciones 3: “Un ser humano sufre, prueba el dolor hasta sus dimensiones liminales. En esa “vía dolorosa” siente que lo va perdiendo todo, ya no le queda nada. Hasta su propio proyecto de vida está desdibujado, no encuentra sentido a lo que vive […] Busca que la comunidad llore con su llanto, y, de ser posible, llegar hasta el mismo Yahvé, para que lo mire y escuche. Y eso ya es algo” (Ídem).

Sugerencias de lectura

  • Pablo Andiñach, “Lamentaciones”, en Introducción hermenéutica al Antiguo Testamento. Estella, Verbo Divino, 2012.
  • Mónica Leticia Batista, De la aflicción a la ternura que se renueva cada día. Lamentaciones 3.1-39. San José, Universidad Bíblica Latinoamericana, 2014 (Aportes bíblicos, 18).
  • Víctor Morla, Lamentaciones. Estella, Verbo Divino, 2014.
  • Luis Alonso Schökel, La Biblia de Nuestro Pueblo. Bilbao, Misioneros Claretianos-Mensajero, 2008.

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